Qué diría Rilke
Sobre premisas aprendidas para el proceso creativo
Gente, no sé de astrología, pero hagamos como que este artículo se adscrive a las intenciones del año nuevo chino, luna llena, serpientes, caballos, ciclos que terminan y comienzan, aparentemente durante su publicación. Me parece más que nada oportuno subirme a ese carro teórico porque diría que este momento es uno de bisagra entre proceso viejos y nuevos, antiguas formas de ser y otras nuevas que han estado haciéndose presente en mis reacciones y actitudes, que básicamente quiero conducir hacia un nuevo y próximo cuerpo de canciones.
Esta foto es de una piel de serpiente que encontré caminando en Tlayacapan, Morelos, en mis primeros meses viviendo en México. Me la topé de frente desviándome del camino, dándole un subtexto a todo el periodo que estaba a punto de vivir yiiiaaaa (igual sí).
Embarcarse -en mi caso por quinta vez como proyecto solista- en hacer un disco nuevo puede tener tantos riesgos como oportunidades, y en particular las oportunidades de demostrarte a tí mismo que eso que no hiciste como querías en el disco anterior sí lo puedes hacer ahora; puedes demostrarte que has aprendido de tu oficio. En mi caso, en cuanto de oficio se trata, existe un libro al que vuelvo antes de cada proceso creativo y que se ha convertido en una guía casi espiritual de qué posición tomar respecto a qué se supone que es lo que voy a hacer cuando digo que voy a hacer un disco, y que básicamente he recomendado a cualquier persona o colega que me pregunta por algún consejo respecto a las visisitudes de esta forma de vida llamada cantautoría: la mejor respuesta que he encontrado la tiene Rainer María Rilke en “Cartas al Joven Poeta”.
“Las obras artísticas son de una soledad interminable y la forma menos adecuada de abarcarlas es la crítica. Solo el amor puede abrazarlas y conservarlas y ofrecer una contraprestación justa. (…) El verano acaba viniendo, pero solo viene para los pacientes, para aquellos que permanecen como si se enfrentasen a la eternidad, sin ninguna presión ante su callada inmensidad.”
Un joven de nombre Frank Xaver Kappus descubre que el mismísimo Rilke pasó por el mismo internado donde él estudiaba y decide mandarle correspondencia junto a sus primeros intentos de poema, preguntándole al poeta alemán si acaso sus obras eran buenas o no, si acaso finalmente era la poesía su vocación. Rilke con total devoción y amabilidad le responde -en 10 cartas que Kappus mantuvo en su poder hasta que vieron la luz pública- que ni él ni nadie estaba en posición de opinar sobre su arte ni menos saber si acaso debía el joven o no dedicarse a este. El poeta le sugiere a su interlocutor que más bien se pregunte a sí mismo si acaso podría vivir esta vida desprovista de la escritura (pero que con total lucidez y articulación se puede llevar a cualquier disciplina creativa, creo yo). Rilke no solo da herramientas para sacar el eje de su confianza en el criterio de otros sino que permite, de una forma tan pragmática como poética, no solo perderle el susto a la soledad sino que encariñarse con ella como único vehículo para que una voz genuina y sincera aparezca en la obra:
“(…) amad vuestra soledad y soportad el dolor que os causa con quejas que suenen hermosas. (…) alegraos de vuestro crecimiento, en el que nadie podrá acompañaros, y sed bueno con aquellos que se queden rezagados y mostraos seguro y tranquilo ante ellos y no los torturéis con vuestras dudas y no los asustéis con vuestra confianza o alegría, ya que no pueden entenderla”.
Esta lectura llegó, en mi caso, en un momento donde fue clave entender que la pulsión por crear -como dice Rainer Maria- debe venir de un estado de necesidad para que sea buena. Fue mientras que escribía mi disco Brotes que llegué a este libro y se sintió casi profético que en la edición que leí la palabra usada por el traductor era justamente “brote”: “una obra de arte es buena cuando brota de la necesidad” decía (terminé sumando esa cita en el arte del disco, que quizás alguno de ustedes puede tener consigo). ¿Por qué, entonces, este libro antes de cada proceso creativo? Porque en mi caso un aprendizaje importante de mi propia forma de operar es que me es fácil confundir las intenciones de lo que hago, y precisamente el arte de intencionar es lo que he entendido como motor clave a la hora de dotar las cosas de sentido y peso artístico, obras con las capacidad de despertar “entusiasmo” y no “indiferencia” (supongamos que algo tan misterioso como la creación se pudiera objetivizar metodológicamente como parece que estoy haciendo aquí, les advierto que no creo que eso sea posible, pero en mi propia búsqueda sí han tenido sentido estos conceptos).
Por ejemplo, no es lo mismo sentarse a escribir una canción que crees que va a satisfacer ciertos fines, que pueda traer consigo ciertos resultados o lograr ciertas reacciones en quienes queremos que las tengan, que escribir por la mera necesidad de expresarnos, independiente de cómo reaccionen terceros frente a la canción. El punto importante es que no podemos fallar si la canción se escribe en correspondencia a nuestras propias imágenes y percepciones, sí podemos fallar en intentar adivinar o dar en el gusto a lo que creemos que otros esperan. Sea cual sea el resultado del primer caso, nos vamos a morir y podemos estar tranquilos con que gastamos nuestro esfuerzo creativo en tratar de acceder a nuestro propio misterio y no al entretenimiento de otras consciencias que están tan por fuera de nuestro control… no veo un acto más concreto de amor propio y libertad que optar por lo primero.
Y cuando surjan versos a partir de ese giro hacia adentro, de esta profundización en el mundo propio, entonces no se os ocurrirá preguntarle a nadie si son buenos versos. Tampoco intentaréis que las revistas se interesen por estos trabajos, pues veréis en ellos una posesión querida y natural, una parte y una voz de vuestra propia vida.
En un contexto donde también tu supervicencia económica depende del impacto que pueda tener tu música es muy fácil inclinarse por hacer el disco que “crees” que tienes que hacer, a diferencia de uno donde entres en la incomodidad de tu propio encuentro y solo entiendas realmente de qué va tu obra una vez que aparece sobre la mesa, una vez que hiciste el trabajo de expresarte con sincera profundidad. Hoy me encuentro ahí, antes de salir a “descubrir” un nuevo universo de canciones, y si algo de razón tiene el umbral que estamos atravesando según mi algoritmo de instagram es que atrás quedan antiguas estructuras y las canciones que supieron dar, hoy me siento entusiasta por descurbir las canciones del nuevo mundo y salir afuera. Quiero escribir sobre construir hogar, no convivir en un mismo espacio. Quiero escribir sobre amar lindo y descubrir el entusiasmo por crecer juntos. Que Rilke me cuide de mirar al lado, y que me lleve lejos el caballo de fuego.
Si quieres sumarte a ver este proceso mientras ocurre voy a estar de gira por Chile en 15 fechas desde Arica a Puerto Montt durante marzo y abril, las entradas y preventas ya están disponibles en www.benjaminwalker.cl.




El arte más bonito siempre será el que es honesto. Gran publicación Benja 🫰🏽
Nos vemos en Conce 🫶🏽